sábado, 28 de marzo de 2015

El día en que dejé de creer en Dios

Cuando yo nací, aun le quedaban unos meses de vida al dictador fascista del que han heredado los dos únicos jefes de estado que he conocido en España, así que, como casi todos los niños y niñas de mi generación, pasé por el bautizo, la educación católica y la primera comunión. Como (¿afortunadamente?) nos fuimos a vivir fuera de España, me libré del adoctrinamiento de las clases de religión.



Como era una niña tan buena como conformista, ni siquiera me planteé que el rollo ese católico pudiera ser una gran mentira, así que me tragué lo de la mujer virgen fecundada por la paloma divina, el reset salvaje de Noé, lo de la omnipresencia y omnipotencia de un Dios que era uno y tres a la vez, y con un ego tan subido que le encanta que sus "hijos" le demuestren su amor recitando padrenuestros.

Hasta me acuerdo que una vez, siendo muy pequeñita, decidimos mi hermana y yo jugar a "angelitos del cielo"... y me acojoné por si eso ofendía al todopoderoso.

Y así fue hasta el instituto, tendría yo unos 12 años cuando una amiga mía me dijo "¿oye, pero tu crees en Dios, de verdad crees que existe?".
Joder... nunca nadie me había preguntado eso. Pero ahora que me lo preguntaban, me daba cuenta que no tragárselo todo, era una opción.

Un par de días estuve pensando en eso, primero tuve dudas, y luego me di cuenta que nada de eso podía ser cierto. Ya estaba segura que los cuentos de la biblia no eran más que cuentos, quedaba saber si existía algún ente superior divino, se llamara como se llamara. Empezó mi época agnóstica, que no sé realmente hasta cuanto duró, antes de acabar como la "atea practicante" que soy ahora.

¿Y tú? ¿Aún te lo crees?

El día en que mi hijo empezó a odiar los deberes

Cuando yo era pequeña, me gustaba ir al cole. Como todos los niños y niñas de los 80, tenía un sólo maestro, 40 compañeros de clase, canicas para el recreo, primeros y últimos de la clase y deberes.

Cuando mi hijo mayor empezó educación primaria, en 2011, yo estaba llena de esperanza, porque pensaba que iba a encontrarme con una educación moderna y avanzada, al fin y al cabo ¡estábamos en el siglo XXI!

Mi ilusión se rompió a las pocas semanas de empezar el cole. Teo empezó a tener "comportamientos inadecuados" en clase, escribía cada vez peor, y sobre todo, empezó a ODIAR LOS DEBERES.



Por supuesto lo comenté con la tutora.
- Es que como no acaba las tareas en clase, tiene que hacerlas en casa, realmente, no son deberes
- ¿Por qué no acaba las tareas en clase?
- Pues porque se aburre, y prefiere hacer otra cosa
- Entonces trasladamos el problema a casa. Así, nunca se va a solucionar ¿no?
- Ay, a ver que hacemos

En ese momento tenía ganas de decirle "Nada, pues cuando yo no acabe de planchar la ropa porque estoy haciendo TU trabajo, te la mandaré en la mochila del niño para que la planches en TU casa."
Pero pensé que no sería muy constructivo...

El problema de mi hijo, era (y sigue siendo, aunque mucho menos) una mezcla entre su disgrafía severa, su alta capacidad cognitiva, el divorcio de sus padres y el carácter cojonero que tiene. Pero esos mismos deberes también los tienen niños de padres inmigrantes que a menudo se ven desamparados frente a unas tareas que a penas entienden, o niños de padres que vuelven a casa a la ocho de la tarde y cuyos abuelos no dan a basto. Y eso es todavía más injusto, pues causa unas desigualdades sociales intolerables en el seno del colegio público.

Pero lo que más me choca es el tipo de deberes que llegan a casa:
- deberes mecánicos (sumas / divisiones / copiar texto)
- listas de ejercicios del libro de texto (parece evidente que el objetivo de tales listas
- tareas sobre cosas que aún no dominan o no se han visto en el aula

No puede ser más aburrido y desmotivante (además de ilógico), y lo peor de todo, muchos profesores/maestros ni siquiera son conscientes de lo que representan esas tareas.

Al principio, me afectaba mucho, ver sufrir a mi hijo, no saber muy bien como ayudarle (los centros educativos no siempre reciben bien a los padres que intentan encontrar soluciones o que no compartan al 100% sus métodos, yo tuve que vivir una experiencia muy violenta con una directora que me acusó de todos los males de mi hijo por questionadora, mentirosa (sí, sí), laxa (¿ah?) y algunas barbaridades más). Pero un día tuve aceptar que mi hijo, siempre iba a odiar los deberes (por lo menos, mientras fueran lo que son hasta ahora), y que yo, lo único que podía hacer era mi deber de madre : aconsejarlo, ayudarlo si lo necesita, y sobre todo, marcarle límites. Y así es como ahora por el reglamento interior de MI CASA: 

1 - Queda prohibido hacer deberes los martes y jueves (porque acabamos muy tarde con el Taekowondo, que también es importante en la vida de mi hijo)
2 - Queda rotundamente prohibido hacer deberes después de las 20:30
3 - Es obligatorio que cada niño abra la mochila y saque la agenda al llegar a casa. Si hay deberes, es el momento de hacerlos.
4 - Se permite levantarse 30-40 minutos antes por la mañana (si el niño lo pide) para efectuar una tarea que no pudo hacer antes.

Para evitar problemas, por supuesto, eso se lo he comentado a la maestra actual, y cuando el niño no puede hacer tareas por cualquier motivo, yo lo apunto en la agenda bien claro, algo como "Teo no pudo hacer deberes ayer porque volvimos a casa tarde".

Con esas reglas, que no creo que sean incompatibles con las del colegio, yo tengo menos estrés, el niño también, y parece que incluso algunas veces no odie tanto hacer sus deberes...

Aún así, yo, sinceramente, los prohibiría, como en Francia.

De momento he firmado:
Petición por la racionalización de los deberes en el sistema educativo español
Y estoy muy de acuerdo con:
Denuncia del CEAPA sobre la sobrecarga de deberes



miércoles, 25 de marzo de 2015

¡Hola Blog!

Pues eso, ¡hola!


Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace.
Jean Paul Sartre.